| Versión explicativa(1) |
(Los números entre paréntesis cuadrados [ ] corresponden a las cuartetas y van antepuestas a la explicación de las mismas. Al deshacerse el hipérbaton, queda trastrocado a veces el orden de las cuartetas del romance.)
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[3]
O Musa gentil, citarista e hija de Apolo (el rubio dios del sol; el mejor
de los poetas por ser también dios de la lmúsica y de la poesía), si le
tomas el pulso al brazo de mi instrumento (i.e., si riges el pulsar de mi
instrumento; si me inspiras), [1]
la ciudad de Babilonia (famosa no por sus muros-de ladrillos o de
adobe- [2]
sino por aquellos dos desdichados amantes nacidos en ella; los
cuales, después de haberse suicidado con una misma espada, han
adquirido renombre universal) [4]
será asunto apto para las orejas del vulgo; pues, más quiero recibir la
aprobación del pueblo que la de aquellos que suelen pasar por
entendidos. [5]
Fueron estos amantes Píramo y Tisbe, los que, en verso culto, el
licenciado Publio Ovidio Naso (ya se le apodara Naso [o Nasón] por
ser narigudo o romo) hizo [6]
que dejasen purpúreo símbolo de la triste tragedia que allí aconteció)
el color blanco de las dulces moras del sedoso lmoral que les sirvió de
túmulo (sedoso porque las hojas del moral alimentan los gusanos que
producen la seda) a los dos casquilucios; [7]
al moral que los hospedó (pues bajo sus ramas habían concertado su
cita) y que, por su tercería, fue condenado sin la menor delación no a
una destrucción súbita (arrancándolo el río Tigris de raíz en alguna
crecida), sino a reproducir eternamente la muerte de los amantes
suicidas en el color de sus frutos. [8]
Estos dos babilonios eran muy vecinos, tanto que sus casas tenían
una pared en común; la cual, aunque se suele decir que "las paredes
oyen," no tuvo los oídos muy agudos. [9]
Sin embargo, durante las infancias de Píramo y Tisbe pudo oír los
retumbos de las cunas, los balbuceos de los pequeños (cual gorjeos
de tiernos pajarillos) y los cantarcillos graves y monótonos de las
amas. [10]
Y tanto le agradó la audiencia (del latín audientia 'acto de prestar
atención,' 'audiencia de un pleito')-a la cual asistió con su presencia
como si fuera juez que escuchase a dos pleiteantes exponer su caso
aun a pesar de la poca edad de ellos-, que años después se puso a
disposición de entrambos, sirviendo de intermediario; y abrió grietas
para que pudiesen hablarse. [11]
Mientras damos tiempo a que los amantes encuentren el resquicio, los
rasguños mal trazados de pintor rústico e incapaz (pues tal me
considero) nos dibujen las hermosas figuras de estos dos jovenzuelos
babilonios: [12]
Era la frente de Tisbe esplendor y terso marfil lmodestamente
interpuesta entre las ondas del cabello suyo (rubio como un sol) y la
luz de sus ojos (lustrosos como dos carbunclos). [13]
La curvada y lisa negrura de sus cejas (curvas como el arco iris, pero
que nunca sirvieron para terminar diluvios, sino para provocar llantos)
atestiguan el luto de quienes han llorado la pérdida de su libertad a
causa de ellas. [14]
Cristal lúcido y lascivo era-no malicien: hablo de la tez de su cara--un
vaso en el que se confunden claveles (sus mejillas sonrosadas) y
jazmines (la palidez de su rostro). [15]
El olfato, como árbitro de tantas flores, tenía allí su lugar céntrico en
forma no de nariz, sino de blanco almendruco. [16]
Los labios eran un rubí, a través del cual (según abría o cerraba la
boca) se observaban, entre veinte perlas netas (sus muelas), doce
aljófares menudos (sus dientes). [17]
Era su cuello un cañuto proporcionado de plata bruñida, órgan de
comunicación a la vez que cerbatana por donde el gusto lanza los
manjares al estómago. [18]
Sus teticas eran como las pechugas del ave fénix, si es verdad que
existió; si no, manzanas eran no maduras de los jardines de Venus. [19]
El resto de su cuerpo es de mármol, cuyos relieves, ocultados por el
vestido, habrían ultrajado los cuerpos desnudos de las tres olímpicas,
venciéndolas en morbidez, [20]
la vez que el troyano Paris se puso la toga de magistrado para oficiar
como juez de la belleza, y perdieron Palas por velluda y Juno por
patizamba. [21]
Desde el glorios comienzo de su primer lustro el Amor tuvo a ésta por
niña de los ojos que no tenía (pues "el Amor es ciego" y lo pintan como
tal). [22]
Creció considerada deidad por los hombres y envidiada por las
mujeres. ¿Puede extrañar que la fe de sus enamorados le erigiese
aras si la misma emulación de las mujeres le rendía culto? [23]
Tantas veces hizo regresar a sus casas sin libertad a los galanes, y a
las mujeres sin estimación propia, [24]
que viendo su madre, quien la llevó nueve meses en el claustro
materno y la vistió de terciopelo de tripa (le dio forma), el peligro que
corría hasta en los concursos religiosos, [25]
relegó ésta los miembros venerandos de Tisbica a lo más retirado de
la casa, lugar negado incluso a la luz y al aire del día. [26]
¡O cómo sintió mucho este enclaustramiento Píramo, que, siendo ya
joven robusto, semejaba--aun sin alas--un segundo Cupido! [27]
Un Narciso era en hermosura, mas no como aquél que (según corre la
fama) fue transformado en flor y que ocasionó la ruina de la ninfa Eco
(que, enamorada del joven y no correspondida, pronto no fue sino la
triste sombra de sí misma; una lastimera voz que repetía en el valle
más profundo--como si Narciso la hubiese enterrado allí--las últimas
sílabas de las palabras que escuchaba), [28]
sino un Adonis de Caldea ni afeminado ni recio de miembros, cuyas
orejas apenas se divisaban por entre los tufos que llevaba. [29]
Su copete abundante era como pelusa; su cuello liso y libre de pelo,
como el tafetán; sus mejillas sin señal de pelo, como el raso; y su
escaso bozo, como la felpa o terciopelo. [30]
Sus cejas eran dos espadas negras que se hubiesen doblado de dos
estocadas de puño, lo cual le daba, no sin cierta gracia, un aspecto
rufianesco. [31]
En fin, quiso Cupido encarnar en Píramo un chuzo, el mejor de su
armería, con aquella herramienta suya con la que suelen representarlo
(el arco, del que se sirve en su oficio). [32]
Este de quien se ha venido hablando era, por lo tanto, el vecino, el
amante y aun el cuyo (amante) de Tisbe, que de continuo gemía
inconsolable a lo tórtola viuda; [33]
pues, de las penas amorosas no es la lmenor sentirse como el
sediento que escucha el ruido del agua sin poder beber de ella, o
como el hambriento que mira la fruta sin poder comerla. (Así, Píramo y
Tisbe, que se sabían tan vecinos, no podían siquiera verse ni
hablarse.) [34]
habiendo declarado la pared su prohibición de que se viesen, estaba
llorando Píramo su apartamiento de la que sabía estaba tan cerca [35]
cuando fatal (por las consecuencias aciagas que iba a ocasionar su
intervención) carabela, émula del humo en todo menos en los corsos
repetidos (pues, mientras el humo se desvanece y no regresa a su
origen, ésta iba y venía en su oficio), tomó puerto seguro al llegar ante
Píramo: [36]
Familiar (esclava) de Tisbe, oscura y áspera como el envés de un
cuero (que es lo que vale tapetado), que, a pesar de su color negro,
fue alba (blanca) para Píramo y Alba portadora de noticias de su sol
(Tisbe). [37]
Agradecido, Píramo hizo propósito de ennoblecer los cabellos cortos y
ensortijados de la negra con una guirnalda de ligustros (los críticos me
perdonen si sustituyo el vulgar 'alheñas' por este nombre más culto)
como si fuera la lAurora (así la fingen los poetas), ya que lo era para él
de su dicha. [38]
Ella, que traía un olor debajo de los sobacos--y no a los aromáticos
capullos del clavero de las islas Malucas--le abrazó en nombre de su
ama, Tisbe, el solo nombre que pudo hacer disimular a Píramo el mal
olor de la negra; [39]
pues, el olor a sobaquina--sea de negro o de blanco--es, sgún un
aforismo referente a los males de la naris, suficiente para matar a un
difunto. [40]
Volvamos, con la ayuda de Dios, a la fragante mulata de Congo, a
quien dio Píramo, además, 32 reales para que se guarneciese los
pantuflos con plata. [41]
Avispa con libramiento (con una papeleta en el aguijón) no voló tan
veloz como ella anduvo solícita; menos rápida gira un torno a las
súplicas de los devotos de monjas que vienen a hacer la corte, [42]
que la mulata diligente, incitada a ello por las dádivas de Píramo, gira
a los mismos pensamientos no expresados de los dos enamorados.
¡Oh destino engañador que prometes treguas a loas penas de estos
dos amantes con las correrías de la mulata, teniendo ya deparado que
serás su verdugo! [43]
Un día que Tisbe, profieriendo quejas lacrimosas, subió al desván para
entretener su pena meciéndose en un columpio (e iba tan llorosa que
podría decirse que quería secar sus quejas--como si fueran paños
mojados--en la cuerda del columpio, [44]
halló por casualidad una rima, o hendidura, que con el tiempo se había
abierto en la pared, y que dejaba pasar la luz; y como rima también
significa 'verso,' puede decirse que la pared compuso una rima sin ser
poeta. [45]
La noche antes había soñado la joven el trágico fin de sus amores; y al
ver la hendidura de la pared, dijo entonces: "Esta es, Píramo, no dudo, [46]
la herida que en aquel sueño importuno abrió dos veces mi pecho,
cuando una el tuyo. [47]
La poca fe que se debe a los sueños o al influjo de las estrellas bien lo
afirma el ceño de incredulidad y de desaprobación de mi aya. [48]
¿Daré más crédito a aquello que he visto a ojos cerrados (en un
sueño) que a los favores del Amor--bien reconozco ser suyos--que
voy descubriendo? [49]
Esta hendidura de la pared es efecto improviso no de la fuerza del
tiempo, sino de un niño de pocas fuerzas (al Amor lo pintan como niño
de pocas fuerzas (al Amor lo pintan como niño alado), como se echa
de ver en las pequeñez del orificio, y de un dios en lo oportuno (como
hijo de Venus es dios del amor), ya que, hallado tan a buen tiempo,
permitirá que a través de él converse con Píramo. [50]
En pared que se construyó cuando yo nací (y que por esto no puede
tener muchos años) sólo el esfuerzo y la diligencia del Amor--y no,
por lo tanto, el pasar del tiempo--pudo abrir esta grieta. [51]
¡Ay! Bien se ve que fue nu niño de poca reflexión quien abrió esta
pequeña hendidura, pues, si hubiese sido más astuto y
experimentado, la habría hecho más dilatada; que también fue una
pequeña abertura la que causó la destrucción de Troya. (Así como los
griegos capturaron a Troya a causa de la brecha que se abrió en la
muralla que circuía la ciudad para acomodar la entrada del caballo de
Troya, esta pequeña grieta de la pared presagia--en el ama de
tisbe--algún daño; aprensión que no tuviera si la grieta fuera más
dilatada y la separación menos limitada.) [52]
Mas ya que el Amor hará posible que al menos nos veamos Píramo y
yo, desmiéntasele el atributo de ciego que ordinariamente le da la
tradición, pintándole con los ojos vendados." [53]
Y no bien hubo terminado estas consideraciones cuando regresó la
mulata, incitada a llevar a cabo su tercería por los 32 reales que
Píramo le había dado en agradecimiento y con los que contaba para
platearse los chapines, tan solícita que parecía llevar los talares
alados como el mismo Mercurio, mensajero de los dioses; [54]
y, viendo que se terminaba su oficio de medianero--que le había dado
poder absoluto sobre los dos jóvenes, ya que se creía nexo único
entre ambos--por el hallazgo de la hendidura, engendro de la tapia
que en adelante serviría de tercero (pues, sirviendo de nuncio
(mensajero) llevaría las palabras de cada uno de ellos de un lado al
otro), [55]
quedó confusa; y el hecho de quedar su oficio frustrado hizo que se
mostrase su turbación en el rostro, haciendo que se oscureciese más
aún--si es que se pudiera notar este estado confuso y turbación en
rostro tan negro y sucio. [56]
Pero, dispuso al fin el infeliz encuentro la morena recadera, y, yendo a
llamar a Píramo para que se percatase de la abertura y viniese a
hablar a Tisbe por ella, anuló con ello sus mismos servicios de
alcahueta. [57]
Píramo, mientras tanto, desde la calle miraba fijamente la casa de
Tisbe como si pudiese, cual lince, atravesar el muro con su mirada
(pues los antiguos creían que la vista de este animal era tan aguda
que podía penetrar a través de las paredes), si no era que esperaba el
momento oportuno para eludir la vigilancia de los guardas a quienes la
madre de Tisbe había confiado la custodia de su hija, y que velaban
sobre ella con tanto celo que más bien recordaban a aquel gigante de
cien ojos, Argos, que a petición de la diosa Juno custodió a la vaca Io, [58]
cuando fue notificado del hallazgo; y, subiendo y hallando la hendidura
tras apartar las telarañas que la obstruían (las cuales--según el
mito--son obra de la envanecida Aracnes, que soó no sólo desafiar a
Palas a tejer, sino también representar en sus telares la vida poco
decorosa de los olímpicos. Palas, ofendida, la condenó a vivir
transformada en araña y a tejer telarañas), exclamó: [59]
"O barco de vistas, augusto para mí aunque eres estrecho; pues,
sirviéndote de velas las piedras que limitan tu ámbito, me traes la
imagen de Tisbe. Más útil me eres mientras más inmóvil permaneces. [60]
Muy pequeño eres, mas estoy satisfecho; lo poco, si bueno, induce a
resoluciones mayores: Así, la más breve e inmediata estela del mar
motivó, por ejemplo, a Palinuro, piloto de Eneas, a que luego se
hiciese marinero y atravesase muchas leguas de mar en sus
navegaciones. [61]
Si los dioses recompensaron la nave Argo, que condujo a Jasón y a
los argonautas a la conquista o al hurto del vellocino de oro, con
colocarla entre las estrellas como constelación, [62]
mucho más debieran remunerar con semejante honra a un bajel (la
hendidura) que, pisando inmóvil un Mediterráneo enjuto (las piedras
que componen la pared), me traes y permites escuchar los suspiros de
Tisbe, mi sol. [63]
Agradecido, me complazco en besar tus bordes como piloto, ya que
como buzo no puedo besar tu quilla (pues sería preciso entrar en
aquella parte donde está Tisbe para hacerlo, y me es imposible) si
llevándole mi voz, favoreces que me comunique con mi amada." [64]
En fin, aprovechándose entonces de los momentos más oportunos
para satisfacer sus deseos de verse, frecuentaban el desván, escuela
ahora de sus lecciones de amor. [65]
Si dormían como lirones durante el día, se desvelaban la noche entera
como lechuzos, bebiéndose embelesados las palabras mutuas que
pasaban a través del conducto polvoriento. [66]
¡Cuántas veces trató el mozuelo impaciente de meter el brazo por la
hendidura, para siquiera tocarse, sin que le cupiese, y al fin tuvieron
que renunciar a la empresa (por ser acción no autorizada, prohibida
por la estrechez de la hendidura)! [67]
¡Quántas veces acusaron a la pared que estaba de por medio e
impedía que se juntasen (como sucede con los cubos de un poco
común de dos casas vecinas que, dividido por una muralla, no deja
que se toquen los cubos individuales al sacar el agua)! [68]
Píramo, entonces, viendo la inutilidad de lo que hacía, como otro
Cicerón, orador famoso, usó de la elocuencia para persuadir a Tisbe;
pues, así como no hay áspid, por más vigilante que sea, que no resista
a los conjuros mágicos que al fin lo adormecen, no hay mujer que
desdeñe convincentes ruegos. [69]
Amor, que los favorecía y les ayudaba, poco a poco fue abatiendo la
resistencia y el pudor de la doncella vergonzosa y bella como una
rosa, cuyo rubor natural de las mejillas haría pasar por inferior al
mismo rojo de Tiro. [70]
Al fin la boba, seducida por las palabras de Píramo y el deseo,
descartó el pudor y determinó seguirlo a donde él mandase. ¡Fatal
decisión ésta, digna de que la cante mejor poeta! [71]
Eran las doce de la noche en punto, hora en que el farol nocturno (la
luna) lucía más puro y brillante como si reventase de rabia por el
atropello que hacía Tisbe de su honestidad, [72]
cuando tisbe, saliendo de su casa al fuerte son lastimero de aullidos
de perro, tropezó y echó primero a la calle el pie izquierdo. [73]
A las afueras de Babilonia, ciudad del rey Nino, vio un buho (ave de
mal agüero) posado en lo alto de un aceituno verdinegro como ave de
cetrería en alcándara. [74]
Se encaminó entonces a una fuente donde hacía tres o cuatro siglos
que el agua estaba manando por la boca de dos figuras esculpidas en
forma de animal que la adornaban; [75]
y, cansada, no bien hubo llegado al margen, el cual le pareció
melacólico (sus flores estaban marchitas a pesar de que era
primavera), cuando la fuente, que había corrido hasta entonces con
ruido manso y sonoro, enronqueció como si llorase. [76]
Un rayo no precedido de relámpagos o truenos (que, por lo general,
suelen acompañarlo como escuderos de luz o de tumulto) abrasó la
copa y deshizo el tálamo [77]
a un olmo añoso que, disimulando su vejez con nuevas y verdes hojas
primaverales, estaba entonces enlazado en los más amorosos abrazos
con una vid florida. [78]
No quedó nada de él: dio ceniza para cien lejías. ¡O cielo injusto!
Aunque terrible y formidable en el castigo, asombras con tu perdón: [79]
Pues, las plantas más cercanas al olmo y a la vid abrasados
permanecieron verdes, y hasta el junco, que por seco sería más
propenso a quemarse, quedó ileso y ni siquiera sintió el veloz
acometimiento del ardiente rayo. [80]
Cintia (la luna), asustada (y quiza presintiendo la tragedia), ocultó su
plenilunio entre nubarrones grises como si fueran éstos una montera
de paño vellorí que se encasquetase (la luna se escondió detrás de
unos nubarrones). [81]
Tisbe, mientras tanto, atemorizada por tantos presagios y espantosos
sucesos, buscó refugiarse en las ruinas de un edificio caduco; [82]
e iba a ponerlo por obra cuando salió de la selva un león tan
espeluznante como aquél de Nemea sobre el que triunfó Hércules
(egipcio, según una leyenda; tebano, según otra) en las cercanías de
Cleone, [83]
que, recientemente cebado en un carnero (no sé si merino o burdo),
vino, babeando sangre, a saciar la sed en la fuente, cuyas aguas,
antes cristalinas, ensangrentó al beber. [84]
Con más miedo de la fiera que del rayo que poco antes había
fulminado el olmo, aunque haya sido el sobresalto causado por él tal
que hubiese acobardado aun al más macho, [85]
huye, perdiendo en su huida el manto que llevaba, ¡descuido
determinado por el hado, que hará que el burro de Píramo se
comporte como el mayor de los necios! [86]
Se guarece en los estragos de aquel antiguo y apartado reducto,
cuyas ruinas constituyeron en un tiempo un noble edificio, pero que
entonces estaban gastadas por el tiempo e invadidas por la
vegetación, tanto que pudiera decirse que ahí regía Vertumno, dios de
los huertos. [87]
Nunca alondra se cosió a la tierra, uniéndose estrechamente a ella al
lmenor indicio de que venía sobre ella el esmerejón, como la triste y
malhadada Tisbe al tronco hueco de un saúco al creer que la
embestiría la fiera. [88]
El león, en tanto, aplacó la sed y, después de hallar el manto de Tisbe
y de dejarlo vilmente ensangrentado, volvió a entrar en la selva. [89]
En eso llegó el tardón Píramo, a quien la ronda había detenido a
causa de su estoque, que, aun envainado, fue verdugo suyo; pues por
ser causa de su detención, puso en marcha funestos sucesos. [90]
Pisando las cenizas del olmo y de la vid, malhadado trasunto que
prefiguraba la esperada unión suya con Tisbe, llegó a la fuente, lugar
prefijado de sus amores; [91]
y, no hallando allí a la joven, se pasmó y con sonidos inarticulados,
como si se enjuagara la boca (efecto del mucho correr), calcula el
tiempo pasado. [92]
Llama a Tisbe, la mitad de su alma, a grandes voces, mas en vano
porque aun el eco más resonante socarronamente se niega a
responderle. [93]
Examina los troncos huecos de los árboles, pero en ninguno de estos
senos toscos halla el panal (Tisbe) que busca. [94]
Madama Luna, tapada hasta entonces, a petición de Saturno (dios de
las desdichas), apartó de sí el excesivo remilgo y se quitó la montera
de nubes (salió de tras las nubes y se mostró despejada) [95]
para leer los testimonios (falsos porque juraban como testigos perjuros
que Tisbe había muerto y mentían) del proceso que el hado ya tenía
concluido y que, habiendo condenado irrevocablemente a la pena de
muerte a los dos enamorados, le mandó publicar (hacer patentes y
manifiestos para que los hallase Píramo): [96]
las huellas del león temible, que entonces bramando, comenzó a
despertar temores a Píramo; [97]
los espumarajos de samgre que la hierba le mostró aun más
sangrientos que cuando la fiera primero las babeó; [98]
los pedazos indecorosamente profanados y de mala manera
esparcidos del velo de su retablo (de aquélla que adoraba; de Tisbe,
en quien ya se iban acumulando los muchos trabajos y las miserias
que podría decirse era más bien retablo de duelos). [99]
Vio Píramo las señas y, al reconocerlas, quedó tan estupefacto, tan
inmóvil que pasaría más por escultura que las mismas estatuas de
Lisipo, cuyo mármol siempre obediente al duro cincel del escultor
griego nunca había desmentido más su naturaleza de obra labrada a
mano [100]
como ahora que Píramo desmentía su naturaleza de ser viviente al
quedarse pasmado sobre un pie como si fuera grulla durmiente, y
hecho sombra de lo que fue poco antes y con semblante de busto o
estatua. [101]
Vuelve a considerar las señas falsas del engaño a que le ha inducido
su fortuna inevitable, contra la que no vale lanza ni escudo (contra la
que no hay protección alguna). [102]
Se imagina, pues, que sin duda yacen esparcidos por el áspero monte
(no sé si decir ebúrneos, por su blancura, o divinos, por ser de aquella
a quien adoraba Píramo; así ue afirmo que fueron tanto divinos como
ebúrneos) [103].
los bellos miembros de Tisbe; y estando en eso, perdió otra vez el
sentido y quedó como muerto, de mod que habría frustrado cualquier
esfuerzo de Praxiteles (célebre escultor griego) por copiarlo--a no ser
que lo vaciase en estuco--, tan perfectamente semejaba una estatua [104]
Mientras tanto, la Parca, que tenía (según dice el refrán) las mano en
la rueca y en el huso con que hilaba el estmbre de la vida, y los ojos
en el vital estatuto (en el término que le había constituido de vida), [105]
hizo sonar inexorablemente la dura tijera, cortando el hilo de la vida de
Píramo, al sonido mortífero del cual Píramo, vuelto en sí del profundo
desmayo en que había caído, [107]
valerosamente desnudó [106]
la espada que Vulcano, herrero divino, había templado en zumos
venenosos, cuyas propiedades también infundió el dios en el acero
por arte mágica para que hiriese más mortal y eficazmente; [107]
y no hizo como Cayo Mucio Escévola que, llevado a la presencia de
Porsena, rey de los etruscos y enemigo de roma, heroicamente
extendió la mano sobre un brasero y se la dejó consumir, sino que se
traspasó [108]
por el pecho hasta las espaldas con la espada (que más bien podría
llamarse asador tan bien quedó el mozo espetado). ¡O, tantas veces
serás tenido por necio cuantas se recuerde tu sinrazón (tu yerro) en
los siglos venideros! [109]
¿Tanto te hastiaba la vida? ¡Hi de puta y puto irreflexivo hubiera sido
entonces quien te hubiese conferido una pensión vitalicia--aunque de
ínfimo valor--ignorante de lo poco que apreciabas la vida (pues
hubiera sido ésta poco segura y de muy poca duración)! [110]
Salió la Aurora coronada de violetas y dejando ver en el rostro el
disgusto que le producía el suicidio, cuando un gemido profundo
(gemido de a ocho --------> 'gemido grave, profundo' por alusión a la
forma mayor del real de a ocho, de uso corriente, y que valía ocho
eales de plata vieja), aunque de confuso origen (ya que no se podía
discernir fácilmente de dónde provenía, así como a veces es difícil
distinguir el cuño de las monedas), [111]
llevó a Tisbe, cual avecilla que, engañada por el canto del reclamo, se
encamino apresuradamente a enredarse en la liga (que por ser tan
viscosa podría llamársele hermana del engrudo), [112]
a donde el desventurado joven derramaba, en sus últimos estertores,
la sangre que había recibido por el embudo de la garganta (porque la
sangre se forma de los alimentos). [113]
tisbe, arrodillada, le ofrece el regazo (pone la cabeza de Píramo en su
falda); y yo le ofrezco en el muslo las delicias desplumadas del pájaro
de Catulo (tan maltrecho había quedado Píramo). [114]
Mientras le suavizaba con sus besos los disgustos de la muerte y
recibía, como quien hereda los trastos del que está por morir, su último
aliento y sus más flacos suspiros, [115]
expiró al fin en los labios de Tisbe; y ella, con semblante tan sin
lágrima alguna que pudiera por sereno (grave <----- sereno ----->
humedad nocturna) acatarrar a un centurión [116]
aunque tuviera la cabeza entera abrigada con su morrión,
descargando un "¡ay!" de lo más hondo de su alma (como si fuera ésta
un trabuco o catapulta, y aquél un proyéctil), se clavó la espada todo
lo que entonces le cupo. [117]
El hierro, pródigo aunque cruel, hizo que manase de la herida un largo
flujo de rubíes de Ceilán (la sangre) sobre esmeraldas de Muso (la
hierba). [118]
La muerte--a la que siempre se asocia lo feo y lo fúnebre--esta vez
quedó hermosa en las mejillas de Tisbe, que, al ser salpicadas de
dulce hielo (la frialdad del rigor mortis que invade poco a poco el
cuerpo) y teñidas de palor venusto (la palidez de la muerte),
parescieron cándidos lirios de Amatho. [119]
Lloraron con el Eufrates (río patrio de Píramo y Tisbe) no sólo el
Danubio fiero (epíteto que puede dársele por las naciones fieras por
donde pasa) y el Araxes (río de la Armenia) siempre flechero, que ora
riega la tierra de los partos, ora la de los turcos--gentes ambas que se
distinguen en el manejo del arco--, [120]
sino que con su llanto lavaron la nave del sol, cuando nace en el
oriente, el Ganges (loro por ser los indios de color amulatado); cuando
se pone en occidente, el Tajo (rubio porque cría el oro en sus arenas). [121]
Los sabrosos frutos del moral, que antes habían sido blancos pero que
ahora eran rojos como granates, sirvieron, por su color, o de
testimonio de la sangre que ahí se había vertido y con la que se había
rociado el moral, o de tributo de la lmuerte de Píramo y Tisbe, al fijarse
el color en las moras para siempre. [122]
Los muy venerable padres de los dos jóvenes suicidas, vestidos de
luto con colas más largas que las de los cometas y con más
pendientes que tentáculos los pulpos, [123]
emplearon en la huesa de los dos amantes (que los sirios llaman
"sepulcro") jaspes de más colores que un aúlico disimulo (que un
cortesano que, así como el camaleón puede cambiar su color
adaptándose a voluntad al de los objetos que lo rodean, con facilidad
muda de pareceres o doctrinas a impulsos del favor o del interés); [124]
aunque es tradición bien conocida y arraigada, si no confundo los
tiempos (y creo que no, pues de los cronólogos, me atengo a aquél
que con más exactitud ha fijado las fechas de estos sucesos), [125]
que un antepasado piadoso y compasivo de aquel Nabucodonosor
ensoberbecido que por su soberbia, hizo Dios que perdiese la razón y
que viviese siete años entre los brutos sustentándose de la hierba del
campo y tan trasmutado que entonces más bien pareció medio hombre
y media fiera--y todo mulo (porque obró tan neciamente), [126]
reunió en una urna a propósito los restos mortales de Píramo y tisbe,
cuya incineración en una pira de leños aromáticos del cinamomo y del
calambuco hizo que de huesos pasasen a ser nobles polvos; [127]
y que dejó por escrito en letras de oro: "Aquí yacen juntos
indivisiblemente dos a pesar del amor que los unía; uno sólo, a pesar
de ser dos."
1. Se han utilizado las siguientes fuentes:
Dámaso Alonso, Góngora y el "Polifemo," vol. II: Antología de Góngora, comentada y anotada, 6a ed. (Madrid: Gredos, 1974), pp. 59-66.
F. Lázaro Carreter, "Dificultades en la Fábula de Píramo y Tisbe," en Estilo barroco y personalidad creadora (Salamanca: Ediciones Anaya, 1966), pp. 97-108.
Alicia Gálaz Vivar, "Análisis estilístico de la Fábula de Píramo y Tisbe de don Luis de Góngora y Argote," en Memoria de los egresados, Santiago de chile, II (1958), vol. I, pp. 241-332.
David Garrison, "An Annotated Edition, Translation, and Study of Selected Satiric and Burlesque Ballads of Don Luis de Góngora y Argote" (tesis no publicada, the Johns Hopkins University, 1975), 313-398.
Robert jammes, "Notes sur la Fábula de Píramo y Tisbe de Góngora," Les Langues Néo-Latines, 156 (1961), pp. 1-47.
José Pellicer de Ossau y Tovar, Lecciones solemnes (Madrid, 1630; ed. Facs., Textos y estudios clásicos de las literaturas hispánicas [Hildesheim/New York: George Olms, 1971]), columnas 775-836.
Cristóbal de Salazar Mardones, Ilustración y defensa de la "Fábula de Píramo y Tisbe" (Madrid, 1636).